Fondos indexados: qué le pasa realmente al dinero de tres inversores distintos en España

Última actualización: julio de 2026. Las cifras de comisiones (TER) citadas se han verificado en las fichas de los distribuidores mencionados en la fecha indicada.

Llevo suficientes años sentado al otro lado de la mesa —o de la videollamada— explicando carteras como para saber que la frase «invierte en un fondo indexado, es una buena opción a largo plazo» no le sirve a nadie. Lo que de verdad ayuda a decidir es ver los números: cuánto dinero acumula exactamente alguien que empieza a los 18 años con 100€/mes, qué le pasa a otro que empieza a los 30 con 300€/mes, y qué diferencia hay para alguien que arranca a los 45 con 600€/mes cuando el mercado se hunde un 30% o un 50% en mitad del camino.

Eso es lo que voy a simular aquí, con las mismas cuentas que uso cuando un cliente se sienta delante de mí con esta duda.

Antes de simular: qué hace distinto a un fondo indexado frente a un ETF

Ya escribí en otro artículo sobre ETFs, así que no voy a repetir la definición de manual. La diferencia que de verdad importa para un inversor en España es esta: un fondo indexado (a diferencia de un ETF) permite el traspaso entre fondos sin tributar en el IRPF. Puedes mover tu dinero del Vanguard Global Stock Index Fund a otro fondo indexado —o cambiar de gestora— sin que Hacienda te cobre nada por la plusvalía generada hasta ese momento. El impuesto se difiere hasta que finalmente reembolsas en efectivo, no cuando reorganizas la cartera.

Esto tiene una consecuencia práctica que muchos inversores primerizos no valoran hasta que ya han pagado la factura fiscal de un ETF: si tu estrategia va a evolucionar con el tiempo (menos renta variable a medida que te acercas a un objetivo, cambio de proveedor por comisiones más bajas, rebalanceo entre activos), el fondo indexado te deja hacerlo gratis. El ETF, no.

En cuanto a coste, el Vanguard Global Stock Index Fund (que replica el MSCI World, más de 1.300 empresas de 23 países desarrollados) tiene un TER del 0,18% en su clase Investor, accesible sin mínimo de inversión a través de MyInvestor. Si accedes a través de un roboadvisor como Indexa Capital, que agrupa el patrimonio de miles de clientes, se accede a la clase Institucional Plus del mismo fondo con un TER de entre el 0,06% y el 0,07% —a cambio de pagar la comisión de gestión propia del roboadvisor, en torno al 0,40% adicional—. Son dos caminos distintos al mismo fondo, con distinto reparto de quién cobra qué.

Los supuestos que voy a usar en las simulaciones

Para que las cifras sean comparables, uso tres escenarios de rentabilidad media anual nominal, aplicados de forma constante durante todo el periodo (en la realidad la rentabilidad nunca es constante año a año, algo que desarrollo más abajo con los ejemplos de caídas):

  • Escenario pesimista: 4% anual. Una década mala, con inflación alta y varios años de mercado plano o en pérdidas, similar a lo que vivió un inversor global entre 2000 y 2010.
  • Escenario medio: 7% anual. La media histórica aproximada de un índice global de renta variable en las últimas décadas, en términos nominales.
  • Escenario optimista: 9% anual. Una racha favorable sostenida, similar a la década 2010-2020 para la renta variable estadounidense.

Todas las simulaciones asumen aportaciones mensuales constantes, sin incrementarlas con el sueldo (algo que en la práctica sí deberías hacer, pero que simplifico para que las cifras sean comparables entre perfiles).

Persona 1: 18 años, 100€/mes

Empieza a trabajar a tiempo parcial, o recibe una paga que decide invertir en lugar de gastar. Su ventaja no es la cantidad, es el tiempo: a los 48 años, si mantiene la aportación, llevará 30 años invirtiendo.

HorizonteAportadoPesimista (4%)Medio (7%)Optimista (9%)
10 años (28 años)12.000€14.727€17.306€19.352€
20 años (38 años)24.000€36.675€52.100€66.790€
30 años (48 años)36.000€69.400€122.000€183.130€

Lo que más me gusta enseñar de esta tabla no es la columna optimista, es la pesimista. Incluso en el escenario malo —cuatro puntos por debajo de la media histórica, sostenido durante tres décadas— Persona 1 casi duplica lo que ha aportado. Eso no ocurre con un depósito o una cuenta remunerada al 1-2%, donde en el escenario pesimista apenas se cubre la inflación.

Qué pasa si el mercado se cae un 50% cuando lleva 10 años invirtiendo

Supongamos que, en el escenario medio (7%), justo al llegar a los 10 años (cuando su cartera vale 17.306€), se produce una caída del 50% —comparable en magnitud a la crisis de 2008 o al pinchazo de las puntocom entre 2000 y 2002—. La cartera cae a 8.653€ de un día para otro, sobre el papel.

Si Persona 1 mantiene la calma y sigue aportando 100€/mes durante los 20 años restantes, a una recuperación media del 7% anual desde ese punto, el resultado a los 30 años sería:

  • Valor tras la caída: 8.653€, que crece a 7% anual durante 20 años más → 8.653 × (1,07)^20 ≈ 33.480€
  • Más las nuevas aportaciones de 100€/mes durante esos 20 años a 7% → 52.100€
  • Total a los 30 años: aproximadamente 85.580€

Comparado con el escenario medio sin caída (122.000€), la diferencia es de unos 36.420€ menos. Es una pérdida real, pero Persona 1 sigue terminando con más del doble de lo que aportó (36.000€), simplemente porque tuvo 20 años por delante para que el mercado se recuperase y sus nuevas aportaciones compraran participaciones baratas justo después del desplome.

Persona 2: 30 años, 300€/mes

Ya tiene un sueldo estable, ha hecho su fondo de emergencia y quiere construir patrimonio a largo plazo, con la jubilación como horizonte a 30-35 años vista.

HorizonteAportadoPesimista (4%)Medio (7%)Optimista (9%)
10 años (40 años)36.000€44.181€51.918€58.056€
20 años (50 años)72.000€110.025€156.300€200.370€
30 años (60 años)108.000€208.200€366.000€549.390€

El experimento que de verdad cambia cómo se ve el riesgo: caída pronto vs. caída tarde

Esta es la comparación que más me gusta hacer con clientes que tienen miedo a «invertir justo antes de una crisis». Voy a simular la misma caída del 50%, pero en dos momentos distintos del recorrido de 30 años de Persona 2, manteniendo el 7% de rentabilidad media el resto del tiempo.

Caso A — la caída ocurre en el año 2 (justo cuando empieza, con solo 7.704€ acumulados): el golpe deja la cartera en 3.852€. Con 28 años por delante a 7% de rentabilidad media y las aportaciones de 300€/mes continuando, el resultado a los 30 años es de aproximadamente 337.314€.

Caso B — la caída ocurre en el año 15 (justo en la mitad del camino, con 95.091€ acumulados): el golpe deja la cartera en 47.545€. Con solo 15 años por delante para recuperarse, el resultado a los 30 años es de aproximadamente 226.222€.

Caso A (crash en el año 2)Caso B (crash en el año 15)Sin crash
Valor final estimado (30 años)337.314€226.222€366.000€
Diferencia frente al escenario sin crash−28.686€ (−7,8%)−139.778€ (−38,2%)

La lección que saco de esta tabla, y que repito a cada cliente que empieza: el momento del crash importa mucho más que el crash en sí. Una caída del 50% al principio del camino apenas deja huella en el resultado final, porque el capital expuesto era pequeño y las décadas siguientes de aportaciones absorben el golpe comprando barato. La misma caída, ocurriendo cuando ya tienes un capital grande acumulado, deja una cicatriz que el tiempo restante no siempre consigue borrar del todo. Esto es lo que en gestión de carteras se llama riesgo de secuencia de rentabilidades, y es la razón por la que reducir el peso en renta variable a medida que te acercas al momento de necesitar el dinero no es un capricho conservador, es aritmética.

Persona 3: 45 años, 600€/mes

Suele ser el perfil con más capacidad de ahorro pero menos margen de tiempo. A menudo llega tarde a empezar y quiere compensarlo con aportaciones más altas, lo cual funciona, pero con matices importantes que hay que explicar sin rodeos.

HorizonteAportadoPesimista (4%)Medio (7%)Optimista (9%)
10 años (55 años)72.000€88.362€103.836€116.112€
20 años (65 años)144.000€220.050€312.600€400.740€
30 años (75 años)216.000€416.400€732.000€1.098.780€

Aquí hago siempre una advertencia que a veces incomoda: la fila de 30 años es un ejercicio matemático, no un plan realista. Persona 3 tendría 75 años; lo normal es que reduzca exposición a renta variable mucho antes de esa edad, así que esa cifra sirve para entender el potencial del interés compuesto, no como objetivo de cartera.

El caso que de verdad le afecta a este perfil: una caída justo antes de la jubilación

Persona 3 planea jubilarse a los 65, es decir, con el horizonte de 20 años de la tabla anterior (312.600€ en el escenario medio). Simulemos que, en el año 19 de esos 20 —justo antes de necesitar empezar a usar ese dinero—, ocurre una caída del 30%, del tamaño de la que vivió el mercado global en 2022.

En el año 19, con la rentabilidad media del 7%, la cartera de Persona 3 vale aproximadamente 284.568€. Una caída del 30% en ese momento la deja en 199.198€: una pérdida de 85.370€ justo en la peor semana posible, la anterior a jubilarse.

Este es exactamente el motivo por el que ningún gestor serio recomienda mantener el 100% de la cartera en renta variable indefinidamente hasta la fecha de jubilación. La solución práctica no es adivinar cuándo llegará la próxima caída —nadie lo sabe—, sino ir reduciendo el peso de renta variable en favor de activos más estables (fondos monetarios, renta fija a corto plazo) en los últimos 5-7 años antes de necesitar el dinero, precisamente para no depender de que el mercado se comporte bien justo en el peor momento posible.

Los tres perfiles, uno al lado del otro, a 20 años

PerfilAportadoPesimista (4%)Medio (7%)Optimista (9%)
Persona 1 (100€/mes)24.000€36.675€52.100€66.790€
Persona 2 (300€/mes)72.000€110.025€156.300€200.370€
Persona 3 (600€/mes)144.000€220.050€312.600€400.740€

Fíjate en algo que no salta a la vista a primera lectura: Persona 3 aporta seis veces más que Persona 1 cada mes, pero su capital final es solo entre seis y seis veces mayor —prácticamente proporcional a lo aportado—, porque tiene el mismo horizonte de 20 años. El tiempo no compensa aquí, porque el horizonte es idéntico. Donde el tiempo marca la diferencia real es al comparar a Persona 1 a 30 años (183.130€ en el escenario optimista, aportando solo 36.000€) con Persona 3 a 20 años (400.740€ optimista, aportando 144.000€): la ventaja de empezar joven no es que acabes con más dinero en términos absolutos con menos aportación, es que necesitas aportar mucho menos cada mes para llegar a una cifra razonable, precisamente porque el interés compuesto hace la mayor parte del trabajo en los últimos 10-15 años del recorrido.

Cómo se monta esto en la práctica: dos caminos, con coste real

Cartera propia (MyInvestor)Roboadvisor (Indexa Capital)
TER del fondo base (Vanguard Global Stock Index)0,18% (clase Investor)0,06%-0,07% (clase Institucional Plus)
Comisión de gestión adicional0%~0,40%
Coste total aproximado anual~0,18%-0,20%~0,45%-0,50%
Rebalanceo de la carteraManual, lo haces túAutomático
Mínimo de entradaDesde 1€Desde 2.000€ (Indexa)
Decisión de qué fondos comprarTuyaDelegada

Para Persona 1, con 100€/mes y sin capital inicial de 2.000€, la cartera propia en MyInvestor es prácticamente la única opción viable al principio. Para Persona 3, con más capital y menos tiempo o interés en gestionar rebalanceos manuales, pagar un poco más por la automatización de Indexa puede compensar, especialmente porque el rebalanceo disciplinado —vender lo que ha subido, comprar lo que ha bajado, para mantener el perfil de riesgo— es precisamente lo que más cuesta hacer emocionalmente cuando gestionas tú mismo tu dinero.

Errores típicos que veo repetirse, perfil tras perfil

Vender después de una caída grande. El error más caro de todos, y el más humano. Alguien que vende tras una caída del 30%-50% no solo materializa la pérdida, sino que casi siempre se pierde la recuperación posterior, porque nadie toca la campana que anuncia el mejor momento para volver a entrar. En el Caso B de Persona 2, si en vez de mantener la calma hubiera vendido tras el crash del año 15 y hubiera esperado «a que se calmara el mercado» antes de reinvertir seis meses después —perdiéndose buena parte del rebote inicial, que históricamente concentra gran parte de la recuperación—, el resultado final habría sido notablemente peor que los 226.222€ calculados, que ya asumen que se mantuvo invertido todo el tiempo.

Empezar tarde por esperar «el momento perfecto». Como muestra la comparación de Persona 1 frente a Persona 3, cada año de retraso hay que compensarlo con más aportación mensual para llegar a un resultado similar. Esperar un año «a ver cómo está el mercado» no es gratis.

Mezclar demasiados fondos que hacen lo mismo. Es habitual ver carteras con un fondo indexado al MSCI World, otro al S&P 500 y un tercero al Nasdaq 100, pensando que eso diversifica. En realidad, Estados Unidos ya pesa cerca del 65%-70% del MSCI World, así que añadir S&P 500 y Nasdaq encima simplemente concentra aún más la cartera en el mismo país y, dentro de él, en las mismas grandes tecnológicas.

No tener claro el horizonte real antes de fijar el porcentaje en renta variable. Persona 3 es el ejemplo perfecto: simular 30 años a 600€/mes da una cifra espectacular sobre el papel, pero si el dinero se necesita a los 65, el horizonte real es 20 años, no 30, y la cartera debería reflejar eso años antes de la fecha límite, no de golpe en el último momento.

Comparar rentabilidades pasadas de fondos distintos sin mirar el periodo. Un fondo que «ha rentado más» en los últimos 3 años puede simplemente haber tenido más peso en el sector que mejor lo ha hecho recientemente (tecnología estadounidense, por ejemplo), no ser mejor gestionado. Comparar fondos que replican índices distintos por su rentabilidad histórica reciente, sin mirar qué componen esos índices, lleva a decisiones que parecen racionales pero no lo son.

Ignorar el coste de traspasar entre productos que no lo permiten sin tributar. Empezar con ETFs pensando en cambiar de estrategia más adelante, y descubrir después que cada cambio genera una factura fiscal inmediata, es un error de planificación que se evita simplemente entendiendo la diferencia entre ETF y fondo indexado antes de elegir el vehículo, no después.

Los riesgos reales, sin suavizarlos

Un fondo indexado de renta variable global no es un producto «seguro» en el sentido de que el capital esté garantizado. Estas son las caídas reales que ha sufrido la renta variable global en las últimas décadas, y que cualquier inversor con un horizonte de 20-30 años debería asumir que volverán a ocurrir, aunque no se pueda saber cuándo:

  • 2000-2002 (pinchazo de las puntocom): caída acumulada de aproximadamente un 45%-49% en los índices globales de renta variable, con una recuperación que tardó varios años en completarse.
  • 2008 (crisis financiera global): caída de en torno al 40%-50% en euros desde máximos hasta mínimos, con recuperación completa en 4-5 años para un índice global diversificado.
  • 2020 (covid): caída muy rápida de alrededor del 34% en apenas cinco semanas, seguida de una recuperación igual de rápida en cuestión de meses, algo excepcional en términos históricos.
  • 2022 (subida de tipos e inflación): caída de aproximadamente un 18% en el MSCI World en euros, con el añadido de que ese año también cayó la renta fija, algo poco habitual que sorprendió a muchas carteras «equilibradas».

La conclusión práctica no es «espera a que no haya riesgo de caída» —esa espera no tiene fin—, sino diseñar el porcentaje de renta variable de la cartera en función de dos preguntas honestas: cuánto tiempo real tienes antes de necesitar el dinero, y qué caída porcentual serías capaz de ver en tu cartera sin vender por pánico. Si la respuesta a la segunda pregunta es «no lo sé», ese es precisamente el motivo por el que conviene empezar con un porcentaje de renta variable más conservador del que la calculadora de rentabilidad esperada sugiere, y subirlo con el tiempo, no al revés.


Este artículo tiene fines informativos y no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las simulaciones usan rentabilidades medias constantes con fines ilustrativos; los mercados reales no se comportan de forma lineal año a año. Los TER y condiciones de los productos mencionados pueden variar; conviene verificarlos en la ficha oficial (DFI/KID) antes de invertir.

Por Miteku

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